Editorial | El Mensaje de los 3 Ángeles Vol. 2 - P. I

Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.” (Apocalipsis 14:6, 7).

La descripción que ofrece el libro del Apocalipsis sobre estos mensajeros celestiales no puede considerarse para nada ambigua. Se trata de una proclamación completamente abierta al mundo. Bien puede Dios mandar a sus ángeles celestiales a proclamar sus grandes verdades y todos los seres humanos se convertirían a Dios por simple emoción. Pero para la realización de su obra, Dios eligió a los seres humanos, hechos “un poco menores a los ángeles”, para que aquellos que se conviertan al Todopoderoso no sean movidos por un falso sentimentalismo sino por el poder del Espíritu.

La realidad del mensaje de los tres ángeles forma parte del corazón del adventismo. Sus orígenes mismos pueden rastrearse al estudio de estos versículos tan reveladores. Su surgimiento no se trató de un mero fanatismo de la época, sino que fue efectuado por la voluntad divina. El libro del Apocalipsis fue la fuente que dio inicio a una denominación que movería a la cristiandad con su mensaje.

No fue una curiosidad pasajera la que llevo a los hombres al estudio de las Escrituras. La palabra de Dios ha sido dada al mundo para satisfacer un anhelo que ha estado presente en todos los corazones humanos y que ninguna otra persona ha sido capaz de llenar jamás. A través de los siglos de la historia humana, el Espíritu Santo se ha movido entre los hombres, y a guiado a sus mentes a conocer la voluntad del Señor, a aceptarla y a compartirla con aquellos deseosos de conocer la verdad. Dios ha guiado a la proclamación de su mensaje y ha elegido a su pueblo como el medio por el cual la gracia y misericordia de Dios puedan estar al alcance de todos.

Elena White declaro de manera enfática que “el mensaje del primer ángel, del segundo y del tercero ha de ser repetido” (R&H, pág.109, 1899.). No puede el pueblo de Dios darse a la tarea de proclamar un mensaje que no comprende. Si las mentes no son llevadas al estudio del triple mensaje angélico, si los corazones no se dan a la tarea de estudiar la voluntad de Dios para su Iglesia, el mensaje no surtirá efecto y no se realizara la conversión que Dios espera de todos los hombres. No puede la Iglesia levantarse y proclamar el evangelio sin tener en cuenta este llamado. El mensaje de los tres ángeles es un punto crucial, no solo del Apocalipsis, sino de la Biblia misma. Representa un clímax en la gran controversia que se ha estado desarrollando durante toda la historia. No representa solo un llamado al servicio y a la adoración, sino que muestra un mensaje de amonestación.

“La Iglesia es el medio señalado por Dios para la salvación de los hombres” (Hechos de los Apóstoles, p.9) Ésta no debiera conformarse con predicar al Salvador en el Calvario, ni su único mensaje consiste en predicar de la gracia perdonadora de Dios. Si su única proclamación fuese el amor del Padre al pecador, sería un mensaje incompleto. Es llamada a predicar también de su justicia divina e inapelable. La hora de su juicio ha llegado. Es un mensaje de dimensiones inminentes. Todos los habitantes debieran re exionar, considerar sus vidas, sus actos y sus acciones y comenzar a vivir en completa armonía con la voluntad de Dios. El juicio debe inspirar un sano temor y debiera reformar nuestras expectativas sobre el futuro.

El Espíritu Santo avanzará con la Iglesia y cooperara con ella en la gran obra de redención. Si todos los hijos de Dios se unen en santa oración, si cada uno comienza a re exionar sobre la voluntad del Señor para su pueblo, Él derramará sobre cada corazón anhelante la lluvia tardía del Espíritu. Las gloriosas escenas del pentecostés, registradas en el libro de Hechos, se volverán a vislumbrar de manera aun más impactante, mostrando que el movimiento adventista cuenta con el sello del cielo.

Este es el sincero deseo de: Los Directores
Ministerio Antorcha Adventista