Ein-Karem, Alejandro Magno, Madera de Agar... Y más

Higuera consumida por las langostas

En 1915, enjambres de langostas devastaron Palestina. Un fotógrafo de la Colonia Americana tomó esta fotografía de una higuera que las langostas habían consumido. La fotografía ilustra totalmente el tipo de daño que estos insectos pudieron haber ocasionado durante la plaga de langostas en Egipto y en otros casos que la Biblia menciona de enjambre de langostas. [Éxo. 10:4-19; Deut. 28:38; Joel 1:4, 2:25; Amós 7:1; Apoc. 9:3-7]. Imagen por Matson Photo Service, desde Library of Congress.

Higuera


Sarcófago de un rey fenicio

Arqueólogos descubrieron este sarcófago en 1923 mientras excavaban en Biblos, la Gebal bíblica. La inscripción fenicia identifica el sarcófago como última morada de Ahiram, rey de Biblos. Los paleógrafos analizando la forma de las letras fecharon la inscripción alrededor del año 1000 a.C. El artefacto de piedra caliza actualmente reside en el Museo Nacional de Beirut. [Jos. 13:5; 1 Rey. 5:18; Eze. 27:9]. Imagen por Matson Photo Service, desde Library of Congress.

Sarcófago-rey_fenicio


Iglesia de Ein Karem

Ein Karim, literalmente “Casa del viñedo”, es la Bet-haquerem del Antiguo Testamento. La traducción cristiana identifica a esta aldea como el lugar del nacimiento de Juan el Bautista. Ein Karem recibe cerca de tres millones de visitantes en el año, aproximadamente un millón de ellos son peregrinos de alrededor del mundo. Esta imagen muestra dos de las iglesias cristianas en la aldea, el Monasterio ruso ortodoxo y Gorny (arriba) y la Iglesia católica romana de la Visitación (abajo). [Neh. 3:14; Jer. 6:1; Luc. 1:39-56]. Imagen por usuario del Almog, desde Wikimedia Commons.

Iglesia-de-Ein-Karem


Aldea de Ein Karem, 1949

En esta fotografía de Ein Karem, tomada por un fotógrafo de las Fuerzas de Defensa de Israel en 1949, el capitel de la Iglesia Católica romana de la Visitación divide el horizonte en la parte superior central. La tradición cristiana identifica a esta iglesia como el sitio donde María, la madre de Jesús, se encontró con Elisabet, la madre de Juan el Bautista, y cantó un himno de alabanza conocido como el Magnificat. [Neh. 3:14; Jer. 6:1; Luc. 1:39-56]. Imagen por Moshe Asayas Kanari, desde Wikimedia Commons.

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Tarjeta postal de Ein Karem

Una fuente le da a la aldea de Ein Karem (“Casa del viñedo”) su nombre. El agua atrajo a los primeros habitantes conocidos de este lugar en la edad de bronce media o aun más temprano. El famoso rollo de cobre del primer siglo d.C., encontrado entre los rollos del mar Muerto, menciona una reserva aquí. La tradición cristiana identifica a Ein Karem como el lugar de nacimiento de Juan el Bautista. Algunos eruditos dicen que la Bet-haquerem bíblica, sitio de una señal visible desde Jerusalén (Jer. 6:1), estuvo localizada aquí. Los mojones en la cima de una colina cercana podrían ser las bases de esas plataformas de señales de fuego. [Neh. 3:14; Jer. 6:1; Luc. 1:39-56]. Imagen por usuario del TheRealHuldra, desde Wikimedia Commons.

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Alejandro Magno sobre Bucéfalo

Bucéfalo, uno de los caballos más famosos de la historia, lleva a Alejandro Magno a una pelea en esta sección de un mosaico pompeyano del primer siglo a.C., representando la Batalla de Issos (333 a.C.). El escritor romano Plutarco narra como Alejandro de 13 años de edad domó al engreído caballo (“Bucéfalo” significa “cabeza de buey”) después de que otros hombres intentaran hacerlo y fallaran. De acuerdo con la leyenda de Plutarco, las habilidades ecuestres de Alejandro impresionaron tanto a su padre Filipo que declaró: “¡Macedonia es muy pequeña para ti, hijo!” [Dan. 8:5-8, 11:2-4; Mac. 1:1, 7, 6:2]. Imagen por usuario del Ruthven, desde Wikimedia Commons.

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Alejandro Magno lucha contra Darío III

Cerca del antiguo pueblo de Issos, en la actual provincia de Hatay, (el área del territorio que se extiende al sur hacia el Líbano entre Siria y el Mediterráneo), Alejandro Magno y su ejército terminaron con el primer imperio persa (Aqueménida). Este mosaico, creado en Pompeya en el primer siglo a.C., describe el momento crucial en el año 333 a.C., cuando Alejandro derrotó a las líneas persas. El aterrorizado rey persa, Darío III, tomó las riendas de su propio carro -algo inconcebible para los monarcas persas, que siempre dependían de sus aurigas- y huyó del campo. [Dan. 8:5-8, 11:2-4; Mac. 1:1, 7, 6:2]. Imagen por usuario del virtusincertus, desde Flickr.

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Estatua de Alejandro Magno, Estambul

Alejandro Magno fue un tema favorito de antiguos escultores, mosaiquistas, y otros artistas. Esta estatua blanca de mármol de él, firmada por el escultor Menas, fue excavada en Magnesia, una antigua ciudad griega en Anatolia, en la actual Turquía. Data del tercer siglo a.C., y ahora reside en el Museo de Arqueología de Estambul. [Dan. 8:5-8, 11:2-4; Mac. 1:1, 7, 6:2]. Imagen por usuario del Tkbwikmed, desde Wikimedia Commons.

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Cabeza representando a Alejandro Magno

Fuentes antiguas describen a Alejandro Magno más bajo de estatura que el promedio, pero de gran corpulencia. Algunas fuentes dicen que tenía un ojo oscuro y otro azul. A diferencia de muchos macedonios contemporáneos, su barba era delgada; normalmente es retratado sin barba, aunque a menudo con patillas largas. Con una personalidad compleja, a veces se encontraba lleno de ira y actuaba impulsivamente, en otras ocasiones era racional y rápido para formular planes excelentes. Alejandro fue menos hedonista que muchos gobernantes antiguos, pero el historiador greco-romano del segundo siglo d.C., Arriano de Nicomedia, afirmó que era un bebedor empedernido. [Dan. 8:5-8, 11:2-4; Mac. 1:1, 7, 6:2]. Imagen por Gunnar Bach Pedersen, desde Wikimedia Commons.

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Aloe o madera de Agar

El botánico británico del siglo diecinueve, John Forbes Royle, observó árboles vivos de Aquilaria agallocha en las estimaciones del Himalaya, luego produjo este grabado de una rama de Aquilaria, hojas, flores, y el cuerpo de la semilla. El fragante duramen de agallocha infectada por hongos (también conocida como aloe o madera de Agar) fue costoso en las tierras bíblicas, en parte porque los comerciantes debían transportarla desde lejos. El aceite de aloe es aún muy costoso, debido a la creciente escasez de árboles vivos y a los costos de procesamiento y transporte. Un gramo del grado más alto de aceite hoy en día se vende por casi 2000 dólares. [Núm. 24:6; Sal. 45:8; Prov. 7:17; Cant. 4:14; Juan 19:39]. Imagen por J. Forbes Royle, botánico e ilustrador, desde Payer.de.

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