Antecedentes Veterotestamentarios del Mensaje de los Tres Ángeles

El mensaje de los tres ángeles constituye una de las doctrinas pilares del adventismo, y se halla revelado en el capítulo 14 del libro de Apocalipsis. Sin embargo, como sucede con gran parte de los textos de este libro, hallamos que el mensaje de los tres ángeles encuentra en el Antiguo Testamento antecedentes válidos que deben ser tomados en cuenta a la hora de valorar su contenido. “En el Apocalipsis todos los libros de la Biblia se encuentran y terminan”[1], dijo la mensajera del Señor. Por lo tanto se hace necesario el análisis de ciertos textos del Antiguo Testamento que guarden relación con lo que el mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14 expone.

Si bien hay gran cantidad de pasajes que merecen un estudio detallado por su relación con ciertas expresiones relativas al mensaje de cada uno de los tres ángeles (“temed a Dios”, “dadle gloria”, “la hora de su juicio”, “adorad”, “Babilonia”, “ira de Dios”, “fuego y azufre”), en el presente artículo haremos un repaso de 2 textos que engloban precisamente lo medular de estos mensajes: la historia de Abraham y los tres viajeros (Génesis 18), y los versículos finales del libro de Eclesiastés. Veremos el contexto inmediato de cada texto, y cómo los mensajes que contienen se relacionan con Apocalipsis 14.

GÉNESIS 18 Y 19: LOS TRES VIAJEROS, ABRAHAM Y LA DESTRUCCIÓN DE SODOMA Y GOMORRA

En el texto de Génesis 18 se nos cuenta cómo Abraham fue visitado por Dios mismo en el encinar de Mamre (v.1). Este primer texto nos sirve como adecuado resumen de lo que se detalla en los versículos sucesivos: Abraham sale al encuentro de tres varones que van pasando cerca de su tienda (v.2), y les ruega que, en lugar de pasar de largo, se queden con él en su tienda, para poder ser atendidos por Abraham y su familia. Los viajeros aceptan la propuesta (v.5) y son efectivamente atendidos por Abraham y por Sara. Luego, durante la comida, reafirman a la pareja sobre la decisión de Dios de darles un hijo, pese a su avanzada edad, rati cando el pacto hecho con Abraham hacía ya muchos años. Hasta el versículo 15 este es el contenido de las conversaciones.

Sin embargo, en el versículo 16 ocurre algo inesperado: los varones terminan su comida y se levantan mirando “hacia Sodoma”. Todo parece indicar que siempre fue su destino dirigirse hacia esa ciudad. Acto seguido, “Jehová” irrumpe en la escena. Esa aparición de Jehová, ¿es externa a la presencia de los tres viajeros, o más bien se trata de uno de ellos? Esta segunda respuesta es la más satisfactoria: cuando Abraham recibe a los tres viajeros, se re ere a uno de ellos llamándole “Señor” (v.3), habla de “hallar gracia en (sus) ojos” (comparar con Gén 6:8; Exo 33:17), y se reconoce a sí mismo como “vuestro siervo” (v.5). por lo tanto, la presencia súbita de Jehová indica que siempre estuvo allí durante el desarrollo de este capítulo. El versículo 21 dice que Dios iba a descender a Sodoma a evaluar la situación de sus habitantes, pero el versículo 22 nos dice que los varones “se apartaron de allí… hacia Sodoma”, “pero Abraham estaba aún delante de Jehová”. La confirmación de esta observación la hace el primer versículo del capítulo 19: “Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde”. Por lo tanto, estos tres viajeros eran en realidad tres ángeles o tres enviados, de los cuales el primero era Jehová mismo, o el jefe de los ángeles[2], el Príncipe del ejército de Jehová[3], el Señor Jesús. Estos tres ángeles tenían cada uno un mensaje que entregar, mensajes que son entregados en primera instancia a Abraham (vv. 17-32), y posteriormente a Lot y a su familia (19:12-13, 15-17). Se trata de la primera vez que la Biblia presenta un mensaje de tres ángeles que es entregado en forma secuencial, confiado primeramente al pueblo de Dios pero a n de ser entregado a todos los que deseen salvar sus vidas, pues es un mensaje de juicio, de condenación y de destrucción final.

A continuación daremos un vistazo a los mensajes de esos tres ángeles.

Génesis 18:17-33

El primer ángel, quien es Jehová mismo, comienza mostrando sus intenciones de revelar a Abraham su voluntad respecto a la obra de juicio que se ha de llevar a cabo (vv.17-18). El Señor ha dicho que “no hará nada… sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Am 3:7). Por lo tanto se trata de una revelación, la cual es entregada por medio de Cristo, el primer ángel de esta secuencia.

Posteriormente Jehová recalca algunas características que destacan a Abraham y a su descendencia como hijos de Dios (v.19): guardar el camino de Jehová, y hacer justicia y juicio. Estas expresiones aparecen reiteradamente en la Biblia como sinónimas de guardar los mandamientos de Dios y obrar en forma correcta, y opuestas a la conducta de los malvados (Sal 5:8; Prov 15:9; Jer 5:4-5). Es notable que estas características son también parte de este mensaje especial.

El Señor luego pasa a detallar la realización de una labor investigativa (vv.20-21) en Sodoma y Gomorra. Se trata de ciudades cuyos pecados han llegado al punto de colmar la paciencia divina, pero que pese a merecer la destrucción son primeramente sometidas a un escrutinio o juicio divino. El Señor obra al igual que hizo en el huerto del Edén (Gen 3:9-13): pese a conocer las respuestas, realiza primero un juicio de investigación a manera de poder realizar en forma transparente la resolución posterior al juicio.

Es en este punto donde Abraham ocupa un lugar de intercesión (vv.23-32). Abraham sabe que entre los moradores de Sodoma vive su sobrino Lot, a quien ama y no quiere que se pierda (Gen 13:10-11). Por lo tanto, si bien el juicio de Dios es inminente, trata de lograr una intercesión a n de que, junto con el juicio de Dios, se logre la salvación de los justos. Este es el punto central del evangelio, la esencia misma de las buenas nuevas: Dios aborrece al pecado, pero ama al pecador. Abre una oportunidad para que, pese a lo inevitable de la destrucción del pecado, pueda haber salvación para la humanidad caída. Encontramos entonces, en el centro de este mensaje, la presencia del evangelio de salvación no como un mensaje opuesto o antagónico al juicio sino como un mensaje paralelo al juicio, acompañando las noticias del juicio investigador.

Es notorio como los conceptos de juicio, justicia, misericordia y amor se tejen en estos pasajes de una forma magistral. La acusación inicial de Satanás era que Dios no podía ser justo y al mismo tiempo misericordioso en su trato con el pecado y los pecadores[4]. Pero Abraham, aunque haciendo una pregunta, declara que “el Juez de toda la tierra” hace “lo que es justo” (v.25), y lo hace cuando tiene misericordia, perdonando “por amor” a los justos (v.24), es decir, a los que Él en su infinita sabiduría y amor declara justos por medio del sacrificio de su Hijo (Rom 3:26; 8:33). El mensaje del juicio no debe representar una preocupación para los justos, puesto que estos han sido perdonados “por amor”, y por tanto viven en justicia, la justicia de Dios.

A manera de resumen, tenemos que el mensaje del primer ángel es una revelación de Jesucristo, que incluye tanto las características de quienes siguen a Cristo, como el anuncio de un juicio investigador, y la proclamación del evangelio de salvación, mediante el cual la justicia y la misericordia de Dios se combinan de tal manera que el pecador puede, por gracia de Dios, obtener el perdón y así verse bene ciado por una obra de juicio.

Génesis 19:1-14

Los dos ángeles restantes llegaron a Sodoma (v.1), donde fueron recibidos por Lot, de la misma manera que lo habían sido por Abraham. Lot exhibe, por tanto, características similares a las de su tío. Los recibe en su hogar y los alimenta (vv.2-3), pero posteriormente los pervertidos hombres de Sodoma se reúnen para perpetrar una violación colectiva a estos visitantes, incluso sin saber la verdadera naturaleza de éstos (vv.4-5). Lot intenta protegerlos, incluso ofreciendo a sus propias hijas para satisfacer la depravada pasión de los sodomitas (vv.6-8), pero éstos comienzan a atacar a Lot, cuando los dos visitantes toman parte activa al entrar a Lot a la casa y al herir con ceguera al tumulto de delincuentes (vv.9-11). Es en este momento cuando cae el segundo de los tres mensajes: “¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar; porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo” (vv.12-13).

El mensaje es uno de urgente advertencia: la ciudad ha llegado al punto máximo de iniquidad permitida, tanto que “ha subido de punto delante de Jehová”. Y como esa sentencia está decretada, todo aquel que permanezca en la ciudad morirá juntamente con los pecadores sentenciados. Nuevamente, tanto la salvación como la perdición se muestran en el mensaje: si Lot quería podía salvar a algunos, pero para ello debía sacarlos de allí. La sentencia estaba declarada, pero la ejecución, aunque inminente, no había llegado aún. Existía por tanto un tiempo de gracia que, aunque crítico, podía lograr la salvación de quienes aceptaran ese mensaje desesperado. Lo anterior muestra que los mensajes de los tres ángeles son secuenciales y, mientras se da uno, el otro se añade sin remplazar al anterior.

La referencia al “clamor contra ellos” subiendo “delante de Jehová” la podemos hallar también en Génesis 4:10, donde el Señor declara que la sangre de Abel tiene una voz que clama desde la tierra a Dios en los cielos. Esta es una gura simbólica y no literal, pero claramente su significado es muy real: dondequiera que se cometan injusticias, la sangre derramada injustamente presenta un testimonio de casos “pendientes” que necesitan resolución por parte del “Juez de toda la tierra”. De esta manera la sangre clama por justicia. Es la misma gura que se aprecia en el quinto sello de Apocalipsis 6:9-10, donde las almas claman por justicia al Señor. Aquí se nos clarifica que en Sodoma se han cometido tantos crímenes terribles, aparentemente sin resolución, que Dios ha decidido juntar todos esos casos y resolverlos en forma colectiva mediante la destrucción de Sodoma. Y este es el aviso que se presenta en este segundo mensaje.

Tristemente, son pocos los que aceptan este mensaje y pueden prepararse para tomar su advertencia. Los yernos de Lot no le creyeron (v.14) y por tanto perdieron su oportunidad de salvación. Este mensaje, así como el anterior, toman en sí mismos un carácter salvífico, no porque los mensajes en sí puedan otorgar la salvación, sino porque estos mensajes son la última reiteración de la oferta de la salvación.

Génesis 19:15-28

El tercer y último mensaje de los ángeles se entrega en los versículos 15 al 17: “Levántate, toma a tu mujer y tus dos hijas, escapa, no mires tras de ti, ni pares”. Es un mensaje de escape final: después de esta ya no habrán más advertencias, sino que vendrá la destrucción profetizada. La advertencia deja de serlo cuando sobreviene la catástrofe. Y sólo quienes habían recibido los mensajes anteriores de misericordia estaban capacitados para recibir el mensaje final. Ya no era el tiempo de buscar arrepentimiento, sino de actuar. Incluso el relato muestra que, de no ser por la acción sobrenatural de los ángeles, quienes tomaron la mano de Lot, su esposa y sus hijas, y los llevaron fuera de la ciudad, ellos no habrían sobrevivido a la catástrofe.

Mediante la destrucción de Sodoma y Gomorra el Señor obra la justicia debida, y cierra los “casos inconclusos” de estas ciudades impías. Además es capaz de salvar a sus hijos eles, manifestando su misericordia y amor. Pero esta misericordia sólo se manifiesta para con aquellos que hacen la voluntad de Dios. Por lo tanto, esta salvación, aunque es por obra y gracia de Dios, se aplica a quienes han depositado su con anza en Dios y han seguido sus caminos.

Los versículos 18 al 23 detallan cómo la misericordia de Dios para con Lot y sus hijas es tal que les permite huir a la ciudad de Zoar, puesto que no podrían llegar más lejos que esto antes de la destrucción. En medio de los juicios divinos sobre los impíos, los justos siguen recibiendo las dosis necesarias de misericordia divina. Con razón puede decir el salmista “muchas son tus misericordias, oh Jehová” (Sal 119:156).

La destrucción de Sodoma y Gomorra es descrita como “azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos” (v.24), dejando como resultado humo que subía “de la tierra como el humo de un horno” (v.28). El fuego con azufre siguió siendo, desde este relato, la referencia para los castigos de Dios sobre sus enemigos (ver, por ejemplo: Sal 11:6; Eze 38:22; Apoc 9:18; 19:20; 20:10; 21:8). La gura del humo como resultado de la acción del fuego siguió también siendo utilizada como una gura de los resultados de la destrucción divina, a menudo de destrucción eterna, algo que se consume completamente (cf. Jos 8:20-21; Juec 20:40; Sal 18:8; 37:20; 68:2; 102:3; Isa 14:31; 34:10; Nah 2:13). Judas declaró que Sodoma y Gomorra fueron sometidas al “fuego eterno” (Jud 7), y parte importante del mensaje del tercer ángel es entonces recordarnos que los enemigos de Dios serán destruidos en forma definitiva y total, no por medio de un castigo de eterna duración sino de resultados eternos.

Comentarios finales sobre Génesis 18 y 19

Los mensajes de los tres ángeles de Génesis 18 y 19 nos prestan un testimonio poderoso y un anticipo notable al registro de Apocalipsis 14. Se trata de mensajes secuenciales, cuya verdad prepara al pueblo de Dios para recibir un mensaje tras otro, y finalmente, alcanzar la salvación necesaria para escapar de la destrucción final que caerá sobre aquellos que se han levantado contra la Ley de Dios y el Gobierno Divino. El primer mensaje es dado por Cristo mismo, y junto con enunciar las características de los justos, proclama tanto la llegada del juicio como del evangelio de salvación. El segundo mensaje declara la sentencia sobre el profeso pueblo de Dios que ha caído tras ser juzgado por Dios, y cuya destrucción se hace inminente. Lleva por tanto un llamado a salir a todo aquel que quiera escapar del castigo y alcanzar la tan esperada salvación. El castigo no es más que la respuesta del Juez justo a las peticiones de justicia de los casos no resueltos en la gran controversia. El tercer mensaje es el de mayor urgencia, puesto que es el último antes de la destrucción misma, y anuncia que mientras el castigo llega a aquellos que han sido condenados, todos los que escapen seguirán disfrutando de las misericordias de Dios. La ejecución final del castigo divino es total y eterna en sus consecuencias, y no deja lugar ni a dudas ni a segundas oportunidades.

Este análisis es exactamente el mismo que se puede realizar de Apocalipsis 14. El primer mensaje presenta la realidad del juicio investigador, del evangelio de salvación, y las características de los santos: temerosos de Dios, glorificando a Dios y adorándole como Creador. El segundo mensaje presenta la caída del sistema apóstata de Babilonia, y conlleva la invitación a salir. El tercer mensaje menciona el castigo final, con sus terribles consecuencias, y la inminencia de su ejecución. Por lo tanto el análisis de Génesis 18 y 19 es adecuado para el estudio de Apocalipsis 14.

ECLESIASTÉS 11 Y 12: EL TEMOR AL DIOS DEL JUICIO

Los textos de Eclesiastés 11:9 al 12:14 presentan una exposición ampliada del mensaje del primer ángel de Apocalipsis 14:6-7. Todos los elementos de éste se presentan en Eclesiastés, pero desarrollados de acuerdo con el contexto propio de este libro. Por lo tanto tendremos que considerar ese contexto a n de aprovechar al máximo sus pasajes.

El libro de Eclesiastés fue escrito por el rey Salomón, hijo de David, en los últimos años de su vejez. A menudo difícil de leer, tiene contenidos que desafían aparentemente varias de las enseñanzas bíblicas. Lleva consigo una carga emocional importante, pues se trata de un hombre que lo ha vivido todo (Ecl 2:10), que se apartó de Dios y se volvió necio, siendo el más sabio de todos (1 Rey 11:4-10), y que ahora, ya vuelto su corazón a Dios, encuentra que su vida ha sido ampliamente desperdiciada, y que sus mejores años han sido despilfarrados y desaprovechados. Intenta escribir a los jóvenes para que no cometan los mismos errores y puedan hacer de sus vidas algo más productivo que la vida que él llevó.

En este contexto, Salomón escribe sus recomendaciones, las cuales con justa razón incluyen, vez tras vez, notas de amargura, tristeza y desesperanza. Sin embargo, lejos de ser un libro sombrío, el Eclesiastés nos lleva a meditar en el significado de la verdadera sabiduría: el temor de Jehová (Prov 9:10). Es un libro que presenta la esperanza de un mejor porvenir de la mano de Dios. Y Salomón concluye este libro con los mensajes que analizaremos a continuación.

Eclesiastés 11:9-12:1a

Este texto con un llamado a la juventud a “alegrarse”, a disfrutar los días de la juventud, y a aprovechar las oportunidades que vienen con la juventud. Pero no se trata de un llamado a abusar del propio estado de la juventud, ni de traspasar los límites impuestos por Dios en su Palabra, ni de vivir disipadamente como el mismo Salomón vivió, pues la cláusula final es que “sobre todas estas cosas te juzgará Dios” (11:9). Se presenta, entonces, la idea del juicio de Dios, no es forma de una enorme amenaza cerniéndose sobre la cabeza de todos los que buscan la felicidad, sino como una buena noticia, como una motivación más a vivir una vida recta. La perspectiva del juicio hace que quienes vivan lo hagan de una manera responsable, de acuerdo a los parámetros divinos.

Es por esto que el versículo siguiente hace un llamado a la santidad, a quitar del frente todo lo que nos estorbe en nuestro camino cristiano: “quita de tu corazón el enojo… aparta de tu carne el mal”. Es similar al mensaje de Pablo en 2 Corintios 7:1: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. Por lo tanto el anuncio del juicio tiene agregado el llamamiento a la santidad, la declaración de una vida vivida en forma diferente, ante la llegada del juicio de Dios.

A este texto se sigue la primera parte del versículo 12:1, donde se nos hace un nuevo llamado a acordarnos de Dios en nuestra juventud. Pero el llamado incluye una característica esencial de Dios, por la cual debemos recordarle: Él es nuestro Creador. En toda la Escritura el título de Creador es uno de los que más despierta la gratitud en los seres creados, puesto que al reconocerlo como el Creador hacemos el Dios el dueño y soberano de todo cuanto existe, y legítimo gobernante de todas las situaciones que se viven “debajo del sol”.

Eclesiastés 12:1b-12

Estos textos enumeran una serie de situaciones que adquieren un fuerte carácter profético cuando se analizan a la luz de los textos anteriores. Debemos acordarnos de nuestro Creador en los días de gracia de nuestra juventud, “antes que” ocurra lo que ahora se describirá. El listado de cosas por ocurrir incluye oscurecimiento de los astros
(comparar con Joel 2:10-11, 31; 3:14-18; Zac 3:10; Mar 13:24-26; Apoc 6:12-13), muerte y cesación súbita del trabajo rutinario (cf Mat 24:41; Apoc 18:21-22), destrucción de las “hijas del canto” (cf. Apoc 17:5), el florecimiento profético del almendro (cf Jer 1:11-12), canciones de endechadores (cf Apoc 18:9-19), la ruptura del oro, la plata y los cántaros de barro (cf Dan 2:34- 35, 44-45; Juec 7:19-20), la retirada del Espíritu Santo y el regreso de la tierra a su estado de desorden y vaciedad (cf Apoc 20:1-3). Por lo tanto Salomón hace que el llamado a acordarnos del Creador venga antes de que los juicios de Dios se derramen sobre la tierra.

Las últimas palabras que preceden a los textos finales nos hablan nuevamente de la intención y el esfuerzo que tomó el autor en componer este mensaje. El sabio “enseñó sabiduría”, “hizo escuchar” e “hizo escudriñar” al pueblo; procuró amonestar a las congregaciones como un Pastor, entregando “palabras de verdad” que fueran “como aguijones, y como clavos hincados”. Todas estas son características propias de un mensaje tan relevante por su peso moral y por entregarse como antesala de sucesos proféticos especiales.

Eclesiastés 12:13-14

Muchos declaran que este es el verdadero centro del libro de Eclesiastés, ya que resume magistralmente las ideas que en él se encuentran. Más aún, es un resumen de todas las enseñanzas de sabiduría del más sabio de los hombres. En cuanto a sus ideas, coincide con los centros de otros libros sapienciales, tales como Salmos, Proverbios y Job (comparar Ecl 12:13 con Job 28:28; Sal 111:10; Prov 9:10). El “discurso oído” es el mismo libro de Eclesiastés: su “fin” u objetivo final, es su idea principal: un llamado a temer a Dios y guardar sus mandamientos. El temor a Dios es una idea constante del Antiguo Testamento que guarda relación con un respeto reverente y amante (cf Sal 128:1; Isa 50:10, 1 Rey 18:12; Heb 12:28) más que un miedo que nos aleje de Dios (1 Juan 4:18). La idea del temor a Dios se acompaña en este versículo y en muchos otros con la de guardar los mandamientos de la Ley de Dios (comparar con Sal 19:7-9; 111:10; 112:1; 2 Cron 19:7). Por tanto, el llamado es a vivir una vida de santidad, que cumpla con la conducta que Dios aprueba, y que obre para servir a todos quienes requieran de nuestro servicio. “Esto es el todo del hombre”, declara el sabio Salomón.

Pero nuevamente la gran motivación para este llamado a vivir en santidad es la perspectiva del juicio: “Dios traerá toda obra a juicio”. El juicio de Dios no se ubica en un futuro incierto, sino como una realidad tan certera como las obras mismas. El juicio de Dios es tan abarcante que incluye tanto obras públicas como secretas. Por lo tanto ese juicio bene ciará a quienes vivan de acuerdo a la santidad del Dios que los llamó a vivir una vida santa. La llegada del juicio constituye en este caso una buena noticia: nada han de temer quienes hagan de la sabiduría divina su aliada principal y vivan de acuerdo a los mandatos divinos.

A manera de resumen, Salomón incluye en el libro de Eclesiastés llamados específicos a vivir una vida de acuerdo con la norma divina: a gozarse y aprovechar el tiempo presente en vivir de acuerdo al temor a Dios y guardando sus mandamientos, puesto que la obra del juicio divino pesará cada corazón, y sólo aquellos cuyo corazón esté en armonía con la norma divina podrán atravesar el tiempo de angustias y calamidades que vendrán sobre la tierra.

REFLEXIONES FINALES

Tanto el texto de Génesis 18 y 19 como el de Eclesiastés 11 y 12 nos dan una vislumbre amplia del mensaje de los tres ángeles ubicados en Apocalipsis 14. Nos damos cuenta de que ciertamente el evangelio es eterno, puesto que los mensajes no son nuevos, sino reiteraciones proféticas de amonestaciones dadas “muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas”, pero que “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Heb 1:1-2) con la carga de la inminente llegada del fin del tiempo y el cierre de la gracia a la humanidad caída.

Todos estos mensajes incluyen presentaciones de un juicio divino cuyo n es investigar los casos de los siervos de Dios, juicio que sirve para vindicar los casos pendientes del universo. Se presenta el evangelio de salvación por fe en Cristo como la única vía de escape para los pecadores en tiempos donde se acerca la destrucción. Además se entrega un registro del carácter de santidad que han de desarrollar los verdaderos adoradores del tiempo del fin.

Ciertamente el mensaje de los tres ángeles nos lleva a meditar sobre la cohesión que existe entre temas tan cruciales como la gracia, la salvación, la fe y las obras, la santidad, la Ley de Dios y su relación con el juicio investigador. Nos llama a denunciar las estrategias del bando enemigo para poder libertar y salvar a las almas que perecen en la oscuridad, y nos brinda la esperanza de la pronta intervención del Juez de toda la tierra para cambiar la historia humana.

REFERENCIAS

[1] Ellen White. Los Hechos de los Apóstoles (Argentina: ACES, 2006): 467.

[2] En el griego arjángelos, de donde proviene la palabra “arcángel”, es la que se utiliza en 1 Tes 4:16 y Jud 9 para referirse a Jesús.

[3] Título que utiliza Cristo al presentarse ante Josué antes de la toma de Jericó en Jos 5:13-15.

[4] Ellen White. El Deseado de todas las gentes (Argentina: ACES, 2006): 709-710