Análisis literario de Levítico 16

ANÁLISIS LITERARIO DE LEVÍTICO 16 | LUZ SOBRE LA ESTRUCTURA QUIÁSTICA


INTRODUCCIÓN:

Para nuestra fe adventista, Levítico 16 contiene una enseñanza fundamental dentro de nuestras creencias distintivas. No solo porque con ella entendemos el plan salvífico de Dios, sino que, además, podemos comprender una de las profecías fundamentales para nuestra denominación (Dan.8-9). Sin embargo, el método crítico se ha encargado de ultrajar la paternidad literaria del código mosaico en relación a su integridad y composición, más específicamente, al contenido ritual de Levítico 16. Alberto R. Treiyer nos advierte diciendo que, “muchos autores han encontrado problemas para hacer encajar esta ley [Lev 16] dentro de los relatos rituales que aparecen en los libros históricos, y por consiguiente, han negado su autenticidad.” Si la crítica está en lo correcto, resultaría bastante controversial para nosotros como adventistas. No obstante, el que este ritual no aparezca explícitamente en las demás narraciones histórico-bíblicas no necesariamente indica que posee una paternidad diferente a los demás rituales encontrados anteriores y posteriores a éste en la historia de Israel. Debido a ello, la intención del escritor es proveer una respuesta desde aquellos puntos de vistas - lingüísticos y literarios- a la propuesta hecha por la “erudición” de la crítica literaria, demostrando que Levítico 16 no posee una composición tardía, sino que presenta una unidad tan simétrica que no pudo haber sido escrita aislada de todo el libro.

ESTRUCTURA DE LEVÍTICO

William H. Shea, comentando la función literaria del libro de Levítico, provee una interesante estructura bosquejando a Lev. 16 como centro de todo el libro.[1] Shea nos muestra que Levítico se estructura en leyes rituales que proveen la justificación del penitente (cap. 1-15) y la santificación (cap.17-25) como resultado de la justificación, dando instrucciones de cómo seguir una vida íntegra. Por consiguiente, Lev. 16 serviría como una bisagra y/o clímax para la estructura de Levítico; actuando como un puente, y sirviendo como la obra cúlmine entre la salvación por fe y el camino por el cual el pueblo de Israel debía seguir, es decir, la santificación. Y aunque esta estructura, ha sido rechazada por algunos estudiosos,[2] no podemos negar que Lev 16 marca un antes y un después en la composición literaria de Levíticos. El hecho de que muchas palabras claves en el ritual pre-expiación, es decir los caps. 1-7, son usadas para esbozar el día de la expiación (hablaremos de esto más tarde) y que, además, posteriormente el día expiatorio es limitado a una festividad importante en la liturgia anual judía (cap. 23), nos demuestra, claramente, que pertenece al orden temático y literario del libro como un todo.

El bosquejo que Shea nos muestra en base a una relación temática, nos ayudará a ver el libro con una mirada más clara y amplia:[3]

Como se aprecia, la estructura, al parecer no presenta mayores dificultades a la hora de analizar el texto bíblico. Sin embargo, quedan varios vacíos de los que el Dr. Shea no entra en detalle, tales como en la legislación cúltica (1-7; 23-25) o la legislación sacerdotal (21-22). Sin embargo, como mencionábamos anteriormente, es claro que Lev. 16 actúa como una bisagra y clímax estructural de todo el libro de Levíticos, antecediéndolo una serie de rituales (cap.1-15) para seguir con una serie de instrucciones (cap.17-25). Treiyer dice que en el ritual de Lev 16 “todos los ritos del año se encuentran y terminan”.[4] Es decir, que tanto estructural como teológicamente, Lev 16 sirve para entender la cosmología de los rituales judíos; es, en definitiva, una culminación de todos los demás sacrificios anuales (1-7). Teniendo esto en mente, podemos analizar el capítulo en su contexto.

El centro del libro, o el mensaje central, es 16:16-20. Al leer dichos pasajes, vemos que en ellos se nos muestra toda la solución al problema del pecado. Expone claramente una purificación, una expiación y una limpieza del pecado cometido por el pueblo Israelita.

Rodríguez también descubre varios arreglos estructurales en cada una de las secciones presentadas en su quiasmo de Lev 16, lo cual nos indica que el capítulo no pudo haber sido escrito por varios autores (como la crítica literaria lo plantea), sino que fue un solo autor que compuso ese orden simétrico. Treiyer nos dice que bajo el prisma de la autenticidad del Pentateuco y su composición tardía - según los críticos - “su unidad es vista como secundaria y posterior”[7]. Es decir, lo que nos plantean estos estudiosos es que la ley posee una composición tardía sólo para aquellos textos que no pueden explicar o que simplemente encuentran contradictorios según sus propios pensamientos; este argumento, más que lógico, parece ser irrisorio y a la vez subjetivo; no podemos encajar ciertas porciones que en nuestra propia estimación parecieran ser irrelevantes. Lo más lógico es tomar el patrón lingüístico y literario para darle una respuesta a esos pasajes que a simple vista, pareciesen más ambiguos.

La unidad de Levíticos y el centro mismo (Lev 16) son tan armoniosos en su estructura que no pudo haber sido escrito por autores diferentes (composición tardía), sino por la mano de un autor que dispuso su arreglo en forma precisa y cuidadosa por medio de la inspiración divina.

LA LINGÜÍSTICA DE LOS RITUALES
Dentro de la serie de instrucciones rituales de Levíticos (cap.1-7), hay varias escenas que posteriormente se vuelven a repetir en el día de la expiación (cap.16); éstas nos proveen una ayuda para entender mejor todo lo implicado en el ritual expiatorio del Yom Kippur. La mayoría –por no decir todas–, está marcada por un factor común: el pecado, la expiación y la limpieza. No importe qué animal se use para resolver el problema del pecado, el camino siempre es el mismo: imposición de manos sobre la víctima, el sacerdote hace la expiación, para luego, declarar limpio al pecador.

Eso mismo nuevamente se vuelve a repetir en Lev 16 de una forma más impersonal que en los cap.1-7, lo que ya implica una tipología cósmica en aquel ritual. A continuación analizaremos varios textos claves en la composición ritual y el factor común de estos sacrificios.

a)Imposición de manos:
Muchos son los textos donde aparece este juego de palabras[8] en la primera sección del libro. Y casi siempre, en hebreo, esto va vinculado con la constante hatta 't (ofrenda del pecado).[9] La función predominante del ritual de imposición de manos, radica en que, el penitente debía traspasar los pecados a la víctima que ofrecería por su transgresión. El simbolismo era claro, el pecado era pasado a la víctima ceremonialmente por este rito para morir como su sustituto. De hecho, el pensamiento paulino de este acto se ve reflejado en que Pablo, hablando del gran sacrificio efectuado pro Cristo, dice que, Dios "lo hizo pecado" (2 Cor. 5:21), aludiendo a aquella imposición de manos en el ritual mosaico. Lo importante es que este ritual nuevamente vuelve a aparecer en el día de la expiación.[10] Lo que implicaría no solo una conexión lingüística sino una unidad literaria que apunta hacia un mismo fin: la erradicación del pecado por medio de una víctima sustitutoria.

b)La expiación:
La palabra para expiación, kipper, ha sido ampliamente discutida en el ámbito teológico actual[11], pero se baraja una posibilidad de traducción, la cual es “hacer expiación”.[12] El punto clave, sin embargo, es que cada vez que este verbo aparece en relación a la ofrenda por el pecado, es el sacerdote el que declara “expiado” al penitente. Él (el que comete la ofensa) nunca lograría una “expiación” sin el sacerdote.[13] Da la casualidad, por otro lado, que esta palabra aparece más veces en el día de la expiación que en los demás rituales del libro, lo que nos muestra claramente que la intención del “kipper” es expresada en su máximo esplendor en el Yom Kippur, por lo que, nuevamente nos lleva a concluir que en Lev.16 “todos los rituales se encuentran y terminan”.

Querer desvincular este acontecimiento de carácter cúltico de los demás libros de la Biblia es, ante todo, negar el patrón lingüístico y teológico de los rituales mosaicos.

c)Purificado:
Lo interesante del ritual que estamos estudiando, es que cuando el sacerdote hace la expiación, el penitente, es declarado “limpio”. El mismo texto se encarga de decirlo en el siguiente versículo: “Uno en sacrificio de ofrenda por el pecado, y el otro en holocausto, además de la ofrenda; y hará el sacerdote expiación por el que se ha de purificar, delante de Jehová.” (Lev.14:31). La secuencia es clara, luego que se presente un animal [ofrenda] por el pecado (hatta’t) el sacerdote realiza la expiación (kipper) para luego declarar limpio (taher) al transgresor.

Esto nuevamente vuelve a verse reflejado más explícitamente en el día de la expiación: “Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impureza... Y hará la expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación” (16:16, 33). La idea nuevamente vuelve a repetirse, la purificación siempre es antecedida por la expiación del pecado. Esto nos da una vislumbre sobre el ritual de Lev 16, ya que, la misma secuencia hecha en forma individual en el año, es hecha para el pueblo completo en aquél día. Es decir, sin el día de la expiación, el pueblo de Israel no podría haber alcanzado una purificación plena de sus pecados como pueblo. La purificación diaria - por así decirlo - proyectaba sólo una luz sobre el gran día de la expiación; y de la misma forma, la purificación del Yom Kippur, sólo proyectaba una luz sobre la obra de Cristo a favor de su pueblo.

CONCLUSIÓN
El intento de la crítica literaria que hace dudar de la paternidad y composición literaria del código mosaico, en especial el libro de Levíticos y el día de la expiación, queda injustificada con la luz que provee la misma literatura y lingüística de Levíticos. La macro-estructura nos arroja una luz de que la composición no pudo haber sido hecha por varios autores, puesto que el arreglo literario no da lugar para pensar en ello, sino que, nos habla claramente de que fue compuesta por inspiración divina y por la mente de un solo autor. Solo el poder divino pudo inspirar a Moisés para hacer aquel arreglo literario.

Por otro lado, el intento de desvincular el día de la expiación del libro de Levíticos también carece de sustento escritural, ya que lingüísticamente Lev16 se une con el resto del libro, en especial con los rituales expuestos en los cap.1-7, los que proveen un comprensión previa al día expiatorio. Además, la misma estructura de Lev 16 nos enseña que no pudo haber sido escrita por varios autores.

El que la crítica literaria no encuentre sustento para entender los rituales mosaicos no indica, por supuesto, que deben poseer una composición tardía. Más bien, refleja la ignorancia en el trasfondo teológico de los rituales que ellos poseen, ya que todos los sacrificios y símbolos apuntaban a un solo ser y a un solo sacrificio, “porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Heb. 9:13-14).

APÉNDICE A: MENSAJE CENTRAL DE LEVÍTICOS
Anteriormente se vio que el centro de todo del libro es Lev.16:16-20a, proveyendo el trasfondo y la solución definitiva del pecado anual. Quien escribe ha encontrado un quiasmo de estos versículos apuntando al mensaje clave de todo el libro:

A Purificación del santuario, 16a
B Purificación del tabernáculo de reunión, 16b

C Expiación por todo el pueblo, 17
B’ Limpieza del altar para santificar las inmundicias de Israel, 18-19

A’ Término de expiación del tabernáculo y el altar, 20a

Lo crucial de este quiasmo es que el centro es la expiación de todo el pueblo, es decir, la erradicación de todo el pecado de Israel.

El mensaje central del libro de Levíticos, para el autor de esta monografía, es el v.17. El que nos arroja una pequeña vislumbre de que todo el libro fue escrito sólo para el perdón de los pecados de Israel, para entregar la solución al pecado, y no para una condenación. Fue, en efecto, para dar una esperanza en los corazones pecadores del pueblo hebreo. De la misma forma, con esto en mente, comprendemos mucho mejor el sacrificio de Cristo, ya que, su tipología apunta a su gran sacrificio efectuado por la humanidad y nos da una seguridad de que nuestros pecados han sido perdonados en la cruz de Cristo.


REFERENCIAS

[1] Shea, William H..“Literary Form and Theological Function in Leviticus” en The Seventy Weeks, Leviticus, and the Nature of Prophecy, ed., Frank B. Holbrook (Biblical Research Institute, Washington, D.C.,1986): 130-168.

[2] Wilfried Warning, Literary Artistry in Leviticus, (Brill Leiden, Boston, Köln: Biblical Interpretation Series, vol.35, 1999), 14-15.

[3] El autor ha modificado el arreglo literario de Shea para beneficio del lector. Además, todas las citas en inglés, hebreo y griego son exclusivamente traducidas por el autor de este artículo.

[4] Treiyer, Ibíd.

[5] Ángel Manuel Rodrígyez. “Leviticus 16: Its Literary Structure”, (AUSS, Autumn 1996, Vol. 34, No. 2): 269-286.

[6] Ibíd., 283.

[7] Treiyer, 102.

[8] Véase Lev.1:4;3:2,8,13;4:4,24,29,33;14:14,17,18,25,28,29.

[9] Para un análisis filológico de esta palabra, ver, Ángel Manuel Rodríguez. “Substitutions in the Hebrew Cultus and in Cultic-Related Texts”, (Ph. D., AUP: Berrien Springs, Michigan, 1980): 75-83.

[10] Lev. 16:21: “y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto.” Esto es más llamativo en el idioma hebreo, ya que posee una similitud notable: wesamaj et yadó al rosh aparece en los sacrificios pre-expiación, y en el día de la expiación aparece la forma, wesamaj aharon et shetey yadayw al rosh.

[11] Treiyer. La Expiación, 51-52;143-144;158-161.

[12] Alberto Treiyer. Los cumplimientos gloriosos del Santuario (Republica Dominicana: Mensajes Distintivos, 2003): 27.

[13] La raíz kpr en la forma Infinitivo constructo aparece en Lev. 1:4; 6:23; 8:15,34: 10:17; 14:21,29; 16:10, 17, 27,34; 17:11; 23:28. Mientras que en la estructura piel aparece en Lev. 1:4; 6:23; 8:15,34: 10:17; 14:21,29; 16:10, 17, 27,34; 17:11; 23:28. Mientras que en la estructura piel aparece en 4:20,26,31,35; 5:6,10,13,18, 26; 12:7,8; 14:18,19,20,31,53; 15:15,30; 16:6,11,16,17,18,24,32,33; 19:22. Todas estas en relación con el sacerdote.

Marán atha.